Mirada global.
- 22 abril, 2019
- Posted by: AnsAdmin
- Categoría: Economía
Texto informativo – Fuente: Clarín
Brasil define su destino con la reforma en la seguridad social.
El gasto público en Brasil era 18% del PBI en 1965 y trepó a 78% en 2018; y en los últimos 10 años creció 30 puntos: pasó de 53% a 80% del producto (FMI). En ese mismo periodo, el déficit fiscal llegó a 6,7% del PBI, con una presión tributaria de 38%, la mayor entre los emergentes.
En relación directa con el auge del gasto estatal, la deuda pública se expandió vertiginosamente: era 59,1% del PBI en 2009 y alcanzó a 80% en 2017, con una tendencia en ascenso que la llevaría a 106% en 2022, antesala directa del default forzoso.
Brasil paga todos los años más de US$100.000 millones por los intereses de la deuda pública, 10 veces más de lo que destina a la educación. Es una suma superior a los US$70.000 millones (valores actuales) con los que EE.UU rescató en 1948 a Europa Occidental a través del Plan Marshall.
Esta es la causa fundamental que sumergió a Brasil en una depresión prolongada a partir de 1980. El PBI nominal creció 2,1% anual desde 1980 a 2018; y el aumento del PBI per cápita fue nulo o negativo (+1% anual o menos). Es un caso único en la historia de la economía mundial.
A partir del segundo trimestre de 2014 (gobierno de Dilma Rousseff), la depresión se agravó cualitativamente; y el PBI se contrajo 9% acumulado en 3 años, la recesión más profunda de la historia brasileña desde la década del ‘30.
Esta es la razón por la que su economía es la más cerrada del mundo, después de Sudan (comercio internacional/PBI, 24.1%). Por eso más de 2/3 de la producción, incluyendo prácticamente la totalidad de la industria manufacturera, es incapaz de competir en el mundo.