Malestar de Alemania por una obra suspendida por el ajuste.

Texto informativo – Fuente: La Nación

El ajuste le trajo a Mauricio Macri un malentendido bilateral: por restricciones presupuestarias , decidió postergar la construcción de la represa Chihuidos, en Neuquén , y desencadenó perplejidad y cierto malestar en el gobierno de Alemania , que apadrina a Voith Hydro, una de las empresas que integran el consorcio que pretende hacer la obra. Hace un año, durante una visita a Buenos Aires , la canciller Angela Merkel había conversado con Macri sobre el proyecto.

La iniciativa era ambiciosa y, desde la óptica macroeconómica, podría ser considerada un anticipo de lo que está por venir en materia de obras públicas. Con un diseño original que data de 1970 y nunca siquiera empezó a concretarse, Chihuidos es una represa hidroeléctrica que requiere de una inversión de 2200 millones de dólares, de los cuales el 85% debería ser aportado por proveedores alemanes e italianos y garantizado por Euler Hermes, la agencia de exportaciones de la administración Merkel, y el gobierno de Italia.

Era también una ilusión de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra), que conduce Gerardo Martínez, un dirigente de buena relación con el oficialismo: se suponía que la obra iba a incorporar a 3000 trabajadores directos y a 7000 indirectos.

Pero los ajustes son crueles. Anteayer, a las 16, tres ejecutivos de Voith llegaron sonrientes desde Alemania a una reunión en la Casa Rosada con Gustavo Lopetegui , vicejefe de Gabinete, para comunicarle que Merkel había tomado una medida que no ocurría desde 1999: Euler Hermes había aprobado la posibilidad de garantizar un préstamo de unos 1600 millones de dólares para la construcción de la represa sobre el río Neuquén. Los acompañaban el embajador alemán en la Argentina, Jürguen Mertens; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, y representantes del resto de las empresas del consorcio, como Juan Manuel Collazo, de Helport (la constructora de Eduardo Eurnekian), y Gustavo Weiss, de Eleprint y presidente de la Cámara Argentina de la Construcción. La otra integrante es Panedile, de Hugo Dragonetti, que no estuvo en la reunión.

El entusiasmo les duró poco. Porque, apenas entraron, Lopetegui los recibió con malas noticias. “No podemos empezar ni una sola obra nueva”, les dijo, y se explayó en las razones: como los préstamos para la central serán pagados finalmente por el Estado argentino, el país no está en condiciones de sumar gasto público a su compleja situación fiscal.

Lopetegui no es hombre de circunloquios cuando la realidad es amarga. Lo afirman muchos de los empresarios que lo frecuentan y varios de sus compañeros macristas. Anteayer volvió a ser directo. Por eso sorprendió a sus interlocutores, que no terminan todavía de comprender cómo no se les pudo anticipar el panorama para, al menos, evitar el viaje desde Alemania.

El origen del enredo es el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En un principio, algunos funcionarios involucrados en el proyecto habían pensado que tal vez se pudiera incluir la deuda contraída por la represa en lo que en la administración pública se conoce como pasivo “por debajo de la línea”. Es decir, no contabilizarlo como gasto ordinario en las cuentas nacionales.

Pero las conversaciones con el staff de Christine Lagarde , directora ejecutiva del Fondo, fueron precisas al respecto: esa obra es gasto, guste o no.

A los alemanes les llevará tiempo entender lo que pasó. Ya venían con dudas al advertir que, al contrario de lo que habían supuesto algunos de sus interlocutores privados argentinos, no los recibía el presidente Mauricio Macri, sino uno de sus colaboradores. Mucho menos esperaban escuchar que la obra se postergaría.

Por eso Lopetegui empezó pidiéndoles disculpas. “Ustedes entenderán que tengo que ser responsable”, les dijo. “Van a tener que explicárselo a nuestro ministro de Finanzas”, contestó uno de los ejecutivos alemanes. “Seguramente él sabrá entender”, insistió el funcionario, que les propuso a todos buscar alternativas financieras. Una de ellas, dijo, sería que los préstamos queden en cabeza de Neuquén y que la provincia encuentre algún esquema de repago, como podrían ser las regalías de Vaca Muerta. O incluirla entre los proyectos del programa de participación público-privada (PPP), la única expectativa fundada que queda en pie en el sector de la construcción cuando se habla de obras públicas.