Análisis.
- 22 julio, 2019
- Posted by: AnsAdmin
- Categoría: Mercosur
Texto informativo – Fuente: Clarín
El acuerdo Mercosur-UE es clave para favorecer el desarrollo.
El autor explica las razones y los beneficios de la firma del acuerdo entre los dos bloques regionales.
El acuerdo Mercosur-UE es, esencialmente, una decisión política asumida por Estados organizados en una instancia intergubernamental (Mercosur) y una asociación política (Unión Europea) que se concreta después de 39 reuniones formales del “Comité de Negociaciones Birregionales” desarrolladas desde su lanzamiento, en el año 2000. Su arquitectura está basada en tres pilares: un tratado de cooperación, otro de diálogo político y uno de libre comercio.
El carácter político de esa decisión está alineado con las razones que dieron origen a ambas instituciones. En el caso europeo, el tratado de Roma de 1957, que creó la “Comunidad del Carbón y del Acero”, estuvo fundado en terminar con los conflictos que convirtieron a Europa, en el siglo XX, en territorio de dos guerras mundiales. Los antecedentes del Mercosur, por su parte, se remontan a la voluntad de la Argentina y Brasil, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, de dejar atrás una historia común de desconfianzas y sospechas.
El acuerdo se enmarca, además, en la dinámica de los dos procesos que caracterizan, con flujos y reflujos, los asuntos globales en las últimas décadas: la democratización y la mundialización. En cuanto a la expansión de la democracia, tenemos que mientras que en 1942 había sólo 12 países con ese régimen político, hoy, según el Center of Sistémica Peace, son 113 los países democráticos, que en conjunto suman alrededor de la mitad de la población mundial.
Con respecto a la mundialización, entendida como la creciente integración de los mercados de mercancías y servicios, las tasas de crecimiento del comercio son superiores a la variación del producto, siendo las exportaciones de mercancías y servicios el equivalente al 30% del producto global. Al mismo tiempo, los cambios tecnológicos y las iniciativas desreguladoras de los mercados en los países centrales han generado un auge de la dimensión financiera de la globalización, que resulta altamente inconveniente y perniciosa para la economía global y, especialmente, para los países en desarrollo.