Subió 2,9% el mes pasado.

Texto informativo – Fuente: Clarín

Con un registro de 2,9%, la inflación de enero rompió todos los pronósticos. Pese a que las proyecciones marcaban una leve desaceleración respecto del 2,6% de diciembre, el índice de precios mostró que tiene una dinámica propia. Para los analistas, el dato es preocupante no solo por la inflación en sí, sino porque es una señal de alarma en medio del veranito que los números financieros vienen mostrando.

Dólar estable, tasas de Leliq y riesgo país en baja, más la promesa de una entrada de capitales importante de la mano de la cosecha abrían espacio para pensar que las variables económicas podrían empezar a encarrilarse. Hasta ahora esos números positivos a nivel financiero no se tradujeron en mejoras en la economía real: la recesión sigue siendo profunda y el consumo no levanta cabeza. En ese contexto, la desaceleración de la inflación prometía ser la primera señal de que el efecto derrame estaba comenzando. Pero no pudo ser. Recién a partir de mayo los analistas esperan que el índice se ubique debajo del 2,5% mensual, lo que da un piso de 31% para todo el año.

Según la consultora LCG, la inflación de enero “sorprendió negativamente considerando que ya no impacta el traslado de la devaluación a los precios. En los últimos cuatro meses la política monetaria fue estrictamente contractiva (el tipo de cambio se apreció) y existe un marcado retroceso de la actividad. No obstante, entendemos que este nivel sería el piso de los próximos 4 meses ya que entre febrero-mayo volverá a sentirse el incremento anunciado de las tarifas (luz en febrero y gas en abril)”.